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La mujer que se convirtió en princesa tras conocer a un príncipe en una discoteca

Planearon la boda durante 12 años y terminó siendo una mezcla armoniosa de tradiciones

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Una joven de descendencia afroamericana y guyanesa, llamada Ariana Austin, al ir en 2005 con una amiga a bailar en la discoteca Pearl (Washington DC), no tenía la intención de buscar pareja, sin embargo, terminó conociendo literalmente al príncipe con el que se casaría.

Joel Makonnen, conocido como el Príncipe Yoel en su país, Etiopía, se acercó a las dos mujeres y les dijo que parecían modelos sacadas de una publicidad de Bombay Sapphire (marca de ginebra), luego empezó a hablar con Ariana y en menos de cinco minutos el príncipe le dijo: “Vas a ser mi novia”.

Makonnen en ese encuentro no le dijo que era el bisnieto del último monarca de Etiopía, Haile Selassie, o sea, que él era un príncipe; pues únicamente le dijo que trabajaba de abogado. Desde ese momento sintieron una gran conexión, se volvieron novios y al poco tiempo Austin se enteró de que Joel era un verdadero príncipe.

Se dice que el linaje de la familia Makonnen proviene del rey bíblico Salomón y la Reina de Saba, algo que dejó fascinada a Ariana desde que lo supo. Además, según un padrino de la boda, ambas familias se unieron sin problema, debido a que tienen muchas cosas en común, como por ejemplo, el gran valor que le dan al matrimonio y el respeto hacía la familia.

Es importante resaltar que la pareja sentía que tenían muchas cosas que hacer antes de pensar en el matrimonio, así que después de graduarse en la universidad, obtener los trabajos que deseaban y cumplir otras cosas, finalmente se casaron el 9 de septiembre de este año, es decir, después de 12 años desde que se conocieron en la discoteca.

La ceremonia se realizó en una lujosa iglesia ortodoxa en Temple Hills, Maryland, donde había mucho incienso, 13 sacerdotes colaborando en el matrimonio y cientos de invitados observando la unión entre Joel y Ariana con una vestimenta digna de la realeza.

La celebración después de la boda estuvo por todo lo alto, ya que había lentejuelas de oro, un poco más de 300 personas, comidas típicas etíopes, la característica tarta negra guyanesa y música de Bob Marley, Marvin Gaye y Bruno Mars. En fin, había una mezcla entre las tradiciones de ambas familias que armonizaban muy bien.

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