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La mejor forma de explicarle a los niños que Santa Claus no existe

El truco de esta profesora es infalible

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La Navidad es una época llena de magia e ilusión… pero en ocasiones conviene ser un poco realistas. Aunque los niños disfrutan nerviosos esperando a Papá Noel y los Reyes Magos, debemos estar preparados cuando los más pequeños de la casa comiencen a hacer preguntas. ¿Por dónde entra Papá Noel si no tenemos chimenea?, ¿por qué los Reyes Magos cambian tanto de apariencia? o ¿por qué nunca podemos verles dejando los regalos? son solo algunas de las cuestiones que pueden surgir.

Tarde o temprano se darán cuenta de que, en realidad, no existen. Por este motivo, una profesora de El Paso, Texas, nos aconseja sobre cómo afrontar la situación. Leslie Rush lo explica así: “En nuestra familia tenemos una manera especial de hacer que los niños pasen de recibir de Santa a convertirse en el propio Santa Claus”.

“Así, todo lo relacionado con Santa no es una mentira que se descubre, sino una serie de buenas acciones y espíritu navideño”, continúa diciendo Rush. Leslie escribió hace algún tiempo su historia y desde entonces, cada Navidad se viraliza. Aquí podéis leerla al completo:

“Cuando cumplen 6 ó 7 años, cada vez que veas que esa sospecha de que Santa no existe va incrementándose significa que el niño está listo. Llegado el momento, los invito a tomarnos algo en una cafetería y acto seguido inicio mi discurso:

‘Seguro que has crecido muchísimo este último año. No solo eres más alto, sino que también veo que tu corazón ha crecido mucho [aquí hay que señalar 2-3 ejemplos de comportamiento empático, de consideración con otras personas, buenas obras, etc.]. De hecho, tu corazón ha crecido tanto que creo que estás listo para convertirte en un Santa Claus.

Probablemente te hayas dado cuenta de que la mayoría de Santas que ves son personas disfrazadas de él. Algunos de tus amigos incluso te pueden haber dicho que Santa Claus no existe. Muchos niños piensan eso porque aún no están listos pasa ser un Santa, pero tú lo estás.

Cuéntame, qué sería lo mejor de ser Santa. ¿Qué beneficios obtiene él de todo lo que hace? [Guíe al niño desde las galletas y la leche que se bebé después de cada reparto hasta el hecho de sentirse bien por hacer algo por alguien]. ¡Bien!, ahora estás listo para hacer tu primer trabajo como Santa Claus’.

[Debemos asegurarnos de mantener en todo momento de la conversación el tono conspiratorio adecuado].

Después, haremos que el niño elija a alguien conocido, un vecino, por ejemplo, y le encargaremos la misión de descubrir secretamente, de manera sigilosa, algo que crea que esa persona necesita para, después, conseguirla, envolverla para regalo y entregársela sin que sepa de dónde vino. ‘Ser un Santa Claus no se trata de obtener reconocimiento, ¿sabes? Es una donación desinteresada’.

Mi hijo mayor eligió a la “bruja de la esquina”. Ella realmente era horrible, tenía una valla alrededor de su casa y jamás dejaba que los niños entraran y cogieran una pelota o un Frisbee. Lo único que hacía era gritarles y decirles que jugaran más tranquilos. Cuando íbamos para el colegio se dio cuenta de que todas las mañanas salía a coger el periódico descalza, así que pensó que lo que necesitaba eran zapatillas. Su misión era espiar y averiguar cuán grandes eran sus pies. Así que se escondió en los arbustos un sábado y decidió que eran una talla mediana. Fuimos a una tienda y le compramos unas zapatillas. Él mismo las envolvió y puso en una nota: “Feliz Navidad, de Santa Claus”. Una noche, después de cenar, se coló por la valla y dejó el regalo debajo de la entrada de su casa. A la mañana siguiente, la vimos caminar de un lado para otro para coger el periódico, recoger el regalo y entrar. Mi hijo estaba emocionado y no podía esperar a ver qué pasaría después. Al día siguiente, de camino al colegio, allí estaba ella sacando el periódico y usando sus zapatillas. Estaba tan extasiado que tuve que recordarle que NADIE podría saber lo que hizo, o si no no sería un Santa Claus.

Con el paso de los años, eligió una buena cantidad de nuevos objetivos a los que regalar. Un año, arregló su bicicleta, le puso un nuevo sillín y se la dio a una de las hijas de nuestro amigo. Estas personas eran y son muy pobres. Le preguntamos al padre si le parecía bien y la expresión de su cara al ver la bicicleta en el patio de su casa con un gran lazo fue casi tan buena como la expresión de mi hijo.

Cuando llegó el momento de que mi segundo hijo se uniera a las filas, apareció mi hijo mayor y me ayudó con el discurso inicial. Por cierto, ambos son excelentes regalando y nunca llegaron a pensar que les había mentido porque estaban metidos en el secreto de ser Santa”.

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