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La conmovedora historia del niño enfermo que luchó contra un cáncer terminal para poder conocer a su hermana

El niño le dio una gran lección de vida a todos.

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La historia de un niño de 9 años de Brístol, Reino Unido, ha conmovido al país, pues, contra todo pronóstico, el pequeño logró sobrevivir al cáncer sólo para poder cumplir su promesa de conocer a su hermana recién nacida, para después morir a consecuencia de la enfermedad.

Bailey Cooper había empezado a sentir malestares en el 2016 y fue llevado al hospital por sus padres, Lee y Rachel, donde los médicos pensaron que tenía una infección viral. Al no haber mejoras, se le administraron medicamentos para una infección torácica, pero todo empeoró.

El niño comenzó a sufrir dolores estomacales severos, entonces fue sometido a exámenes de sangre y ahí, los resultados confirmaron el diagnóstico: cáncer. Pero se trataba de uno muy raro llamado “Linfoma de Hodgking”, que se desarrolla en la red de vasos y glándulas en el cuerpo.

Lamentablemente, ya se encontraba avanzado, en una etapa tres, por lo que Bailey fue sometido de inmediato las quimioterapias junto con medicamentos esteroides. Todo parecía ir bien y los médicos creían que mejoraría.

En febrero de 2017, dijeron que ya no había más signos de cáncer y solamente tendría que estar acudiendo a chequeos cada tres meses. Ya en las pascuas, la familia tomó unas vacaciones en Finlake, en Devon, las primeras para Bailey gracias a la organización benéfica de Bristol, Clic Sargent.

En su segundo día, mientras visitaban el zoológico, los médicos los contactaron para decirles que el cáncer había vuelto y que el pequeño debía ingresar inmediatamente al hospital. Los médicos les dijeron que, de continuar el tratamiento, tendría el 70% de posibilidades de éxito, algo que los padres aceptaron junto con todos los métodos posibles, incluyendo el trasplante de células madre.

Bailey logró estabilizarse desde que comenzó de nuevo el proceso en julio, pero, a finales de agosto, el cáncer se asomó agresivamente y los doctores le dijeron a la familia que no había nada más que hacer, pues ya estaba en la cuarta etapa.

El cáncer ya se encontraba propagado por su cuerpo, se encontraron protuberancias en el pecho, pulmones, hígado y estómago. Sus padres quedaron devastados, pues les informaron que sólo le quedaban unos días, si mucho, unas semanas de vida.

Ambos decidieron ser directos con Bailey y contarle la verdad. Él se derrumbó, pero, después de unas horas, lo había aceptado, sonrió y dijo: “vamos a casa”. Ya de regreso a su hogar, el niño quería asimilar toda la información, además de que Lee y Rachel garantizaran lo que ocurriría después de su muerte.

Bailey empezó a hacer planes para su propio funeral, incluyendo que las personas vistieran como superhéroes para el mismo y, aunque su salud se deterioraba, contra todo pronóstico logró sobrevivir durante varios meses, hasta finales de noviembre, cuando nació su hermana Millie.

Y es que, cuando salió del hospital, pidió a sus padres que le pusieran ese nombre a su hermana, además, prometió que no se marcharía hasta poder conocerla. Hizo todo lo que hace un hermano mayor: la cambió, bañó y le cantó.

Pero, después del nacimiento, su estado comenzó a deteriorarse rápidamente y sólo dormía, lo que resultó muy difícil para sus padres y su hermano menor, Riley, quien era su mejor amigo y con quien siempre jugaba.

Como Lee y Rachel sabían que su hijo probablemente no sobreviviría hasta la navidad, decidieron pedirle que hiciera una lista de regalos que quería para la fecha y, aunque al principio se negaba, al final accedió.

Pero los juguetes que había pedido no eran para él, pues en realidad, por su tipo, eran para alguien más pequeño. Lo que Bailey solicitó como regalos, eran para Riley, a quien quería dejárselos pues no podría jugar con ellos, mientras que su hermano menor seguramente lo recordaría a través de ellos.

En diciembre, su abuela dijo que deseaba ocupar el lugar de Bailey, a lo que el niño le dijo: “Eso es realmente egoísta Nan. Tienes nietos de los que ocuparte”, mostrando su enorme madurez ante esta difícil situación.

“Quiero quedarme, pero es hora de irme, de convertirme en su ángel de la guarda”, fue lo que Bailey dijo sobre su hermana antes de ser llevado de nuevo al hospital el 22 de diciembre pasado y, a las 11:45 de la mañana de Nochebuena, tomó su último aliento, derramó una lágrima y murió.

Su funeral estuvo lleno de superhéroes, como él lo quería, y no hubo muchas lágrimas, pues en su última reunión familiar, Bailey, el valiente niño de 9 años que sobrevivió al cáncer hasta conocer a su hermana, les dijo a todos: “Sólo tienes derecho a llorar durante 20 minutos. Tienen que cuidar de Riley y Millie”.

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